miércoles, 30 de octubre de 2013

#GRACIASALFONSIN

por JUAN CRUZ CÁNDIDO* para Diario Inédito
 


Octubre de 1983 desde el recuerdo embrionario de un joven militante. Los recuerdos se mezclan con las anécdotas escuchadas y con los documentos históricos. De ese cocktail nace este artículo de Juan Cruz Cándido.
 
El 30 de Octubre de 1983 me encontró creciendo en el vientre de mi mamá. Hasta ese día, como dice Miguel Hernández, todo -menos el vientre- era todo confuso, futuro fugaz, pasado, baldío y turbio.

Pero el 30 de Octubre la Argentina fue masivamente a llenar de votos las urnas bien guardadas y Raúl Alfonsín, el candidato del radicalismo, aquel que no iba a poder ganarle al candidato de Perón, triunfó en las urnas y con él, sus ideas de reparación moral, judicial y social luego de una dictadura que mutiló a una generación de argentinos, devastó la estructura económica y cercenó los derechos básicos y cuyos crímenes estaba dispuesto a perdonar el Partido Justicialista que hoy gobierna el país.

Evoco el 83, no desde la añoranza de los mejores tiempos vividos, sino desde la mirada de alguien que nació ya en democracia, que no vivió un sólo minuto de su vida sin libertad, que no sabe lo que es tenerle miedo a las fuerzas del Estado.

También lo evoco desde la mirada de quién valora la piedra fundamental que puso Raúl Alfonsín en la historia de nuestra patria y de Latinoamérica. Estas tierras postergadas de América son hoy espacios para la libertad y la paz, para la confrontación de ideas, el conflicto político y el diálogo, la disputa y la concertación: nada de eso sucedía antes de la llegada al gobierno de Raúl Alfonsín.

Alfonsín presidió un país desgarrado y rodeado de dictadores de toda calaña. Democratizó las instituciones y la sociedad argentina, trabajó por expandir estos valores al resto de la región y, al final de su mandato, casi no quedaban gobiernos de facto en los países vecinos y el pueblo chileno le había dicho basta a Pinochet.

El coraje cívico de Alfonsín, que muchas veces iba por encima de la gran mayoría de la sociedad, hizo de la Argentina un país admirado en el mundo.

Había motivos para que ello ocurriera: se investigaron los crímenes cometidos por fuerzas del Estado y fuerzas paraestatales desde 1973 a 1983, se juzgó y condenó a los culpables en un hecho inédito en la historia de la humanidad, se restauraron los principios de la Reforma Universitaria, se pusieron en marcha planes sociales y educativas que inspiraron a otros países, se impulsó el cooperativismo, se consagraron nuevos derechos como el divorcio y la patria potestad compartida, se terminó la censura, se alcanzó la paz con Chile, se desactivaron las hipótesis de conflicto con Brasil, se puso en marcha lo que hoy es el Mercosur, se desarrolló la producción de energía alcanzado el autoabastecimiento por primera vez.

Y fundamentalmente, los argentinos encontramos en Raúl Alfonsín al último presidente que gobernaba con la fuerza del ejemplo.
Predicaba la democracia, y era apasionado al discutir pero respetuoso del disenso.
Pedía a todos sacrificios, y ejercitaba la austeridad y rechazaba cualquier privilegio.
Convocaba a defender la libertad conquistada, y cada vez que la sombra del autoritarismo amenazaba con hacer fracasar la transición, ponía el cuerpo como superhéroe de película, pero siendo un mortal más, aunque con la convicción de un estadista y la garra de un patriota.

Nos decía que ningún hombre era más importante que las instituciones de la República, y hasta ofreció su cargo para preservar la democracia recuperada.

Pasaron 30 años de aquel 30 de octubre. Todos tenemos una deuda de gratitud con Raúl Alfonsín: hacer realidad aquel compromiso laico de “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

Tenemos con qué hacerlo: la democracia que nos legó Raúl Alfonsín.

*Juan Cruz Candido
Presidente Juventud Radical
Provincia de Santa Fe
@CacuUCR


 


miércoles, 16 de octubre de 2013

Frente a la Violencia: Democracia


Frente a la Violencia: Democracia
 
Luego de los hechos de violencia ocurridos en el marco de la campaña electoral con vistas a las próximas elecciones legislativas, los cuales son de público conocimiento, creemos necesario desde la RED Federal expresar algunas consideraciones al respecto.
Uno de las principales características que ha demostrado el kirchnerismo en su construcción política fue sin lugar a dudas la confrontación como forma casi exclusiva de relacionarse con el resto de las organizaciones que componen el arco político de nuestro país, manteniendo diversos grados de agresividad en función de la fortaleza o debilidad coyuntural del gobierno.
Cristina Fernández de Kirchner, Guillermo Moreno, Carlos Kunkel, Andrés Larroque, Mariano Recalde, Juan Cabandié, Miguel Pichetto, Agustín Rossi y tantísimos otros más conforman una lista de dirigentes de primera línea que demuestran fielmente esta forma de hacer política no propia de un sistema republicano.
Hoy, con un kirchnerismo en un mal momento, con evidentes retrocesos tanto electorales como en el campo de la iniciativa política, es notable cómo la violencia se constituye en un eje fundamental de esta campaña. El atentado sufrido por el candidato radical Ángel Rozas, cuyos autores materiales están abiertamente vinculados al gobierno oficialista de Jorge Capitanich, se suman otros algo más confusos pero que de igual manera intentan amedrentar o perjudicar abiertamente a candidatos no oficialistas. El incendio del Comité en Olavarría, el atentado sufrido en la casa del gobernador de Santa Fe Antonio Bonfatti, la violencia ejercida por militantes de la Tupac Amaru en Jujuy, las constantes amenazas sufridas por militantes en la Rioja que trabajan para la propuesta encabezada por nuestro diputado Julio César Martínez, el atentado sufrido por militantes de nuestra Juventud Radical de Paraná con armas de fuego a tan sólo 3 cuadras de la Casa de Gobierno Provincial, exceden ampliamente el folklore propio de las campañas políticas.
Hace poco tiempo, responsabilizábamos al gobierno nacional del clima violento que rodeaba a esta campaña, acusación que hoy ratificamos, recordándole además a los funcionarios de turno que son los encargados de velar por la seguridad y derechos de todos los habitantes de este país.
A 30 años de democracia y orgullosos de que el radicalismo haya significado la salida a la vida y la paz de la mano de Raúl Alfonsín, nos parece importante asumir con mayor fuerza el rol de garantes de un estado republicano y democrático. No hay más lugar en la Argentina que viene para la intolerancia y los aprietes políticos.  
La sociedad empieza a despertar y a demandar opciones políticas creíbles, que pongan a la sociedad, el diálogo y la dignidad de las personas como valor fundamental de sus acciones. En este marco la Unión Cívica Radical está haciendo un enorme esfuerzo a lo largo y ancho del país por estar a la altura de las circunstancias, cuya prueba más fehaciente es el resultado electoral obtenido en las elecciones PASO que demuestran la enorme expectativa que se ha puesto en el frente progresista que encabeza nuestro partido, sobre todo en provincias donde parecía imposible que los oficialismos de turno perdieran electorado frente a las propuestas del radicalismo y sus aliados.
Por último queremos aprovechar la oportunidad para  respaldar fuertemente a quienes desde la RED Federal, y todo el radicalismo en general, estarán disputando cargos electivos en sus respectivas provincias. Sin lugar a dudas ellos asumen en representación nuestra la obligación de renovar al partido y ayudar a que este sea una alternativa de poder progresista, democrática e inclusiva para nuestros conciudadanos.
16 de octubre de 2013
Mesa RED Federal
 
 

 

 

 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

40 años del golpe de estado en Chile: EL REGRESO DE UN ÍCONO


En ocasión de cumplirse el 40 aniversario del derrocamiento del gran presidente chileno Salvador Allende, símbolo de la "vía pacífica al socialismo", compartimos con todos nuestros amigos de la RED federal un breve articulo de Camila Vallejos sobre la vigencia de la figura y el pensamiento del Dr Allende



 
EL REGRESO DE UN ÍCONO por Camila Vallejos*

Hace un tiempo, las fuerzas progresistas chilenas trataban la figura de Salvador Allende como un ícono. Se señalaban sus cualidades personales y humanas, y se elogiaba su actitud heroica durante el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973: ¿acaso no había muerto con el arma en la mano? Pero esa celebración, en general, cumplía la función de callar las ambiciones –y los logros- de su gobierno de la Unidad Popular (UP), una coalición que iba desde los comunistas hasta los socialdemócratas.

Ahora bien, las manifestaciones estudiantiles de 2011 – las más importantes desde el regreso de la democracia en 1990- y el surgimiento de numerosos movimientos sociales (sindicales, ecologistas, etc.) en todo el país sacudieron a la izquierda. Actualizaron la necesidad de transformaciones estructurales profundas y ampliaron el horizonte de lo que se podía exigir. No sólo una educación gratuita y de calidad, sino también los medios para obtenerla: reforma fiscal, renacionalización del cobre y sobre todo el fin del modelo neoliberal inscripto en la constitución de 1980 (aprobada bajo la dictadura mediante el llamado a una Asamblea Constituyente). Una vez más se pudo ver la cara de Allende en las calles. Pero esta vez no se trataba de homenajear a un ícono: los manifestantes afirmaban reconocerse en el proyecto político que él encarnaba y que sigue encarnando.

Allende llegó al Palacio de la Moneda en 1970, después de tres intentos electorales infructuosos. Militante socialista, siempre operó con una amplísima convergencia de fuerzas populares que se oponían a las fuerzas imperialistas y a la oligarquía. En una América Latina desgarrada por las guerrillas, propuso abrir una “vía pacífica” hacia la transformación social, en un momento en que su propio partido, en el congreso de Chillán de 1967, clausuraba la vía institucional y prefería llamar a la lucha armada.

Esta visión distinguió a Allende y le permitió, finalmente, encarar un ambicioso programa político: “Hemos triunfado con la misión de derribar definitivamente la explotación imperialista, terminar con los monopolios, llevar a cabo una reforma agraria profunda y digna de ese nombre, controlar el comercio de exportación e importación y, por último, nacional el crédito. Son pilares que sostendrán el progreso de Chile y crearán el capital social que pueda impulsar nuestro desarrollo”, la noche de su victoria. Los mil días de la UP constituyen, a la vez, un proceso inédito de apertura política y un gran sacrificio para el pueblo chileno. Son mil días durante los cuales los partidos políticos, los sindicatos, los cordones industriales y las juntas de abastecimiento y control de precios (JAP) unieron sus fuerzas para hacer surgir un poder popular en condiciones de responder a los intentos desestabilizadores del capital extranjero y los intereses imperialistas.

La experiencia de la UP no fracasó: fue interrumpida. Y la figura de Allende no es la de un presidente idealista que deja tras de sí un proceso político condenado: Por el contrario, encarna la audacia política: la que afirmó la modernidad de un proyecto revolucionario de transformación de la sociedad, no sólo en Chile, sino en todo el continente. Y así trazó un camino que luego tomó gran parte de América del Sur, aún cuando haya sido un contexto diferente, marcado por fuerzas geopolíticas diferentes. Cada avance de estos gobiernos progresistas los acerca un poco más a Allende.

Pues mencionar el nombre de Salvador Allende no es solamente evocar el pasado. Es pensar el presente y preparar el futuro.




*Camila Vallejos (ex presidente FECH) – "El Regreso de un Ícono" - Le Monde Diplomatique edición cono sur –septiembre de 2013
 

martes, 3 de septiembre de 2013

"La colonización de la subjetividad"

 
El texto que posteamos hoy tiene casi diez años, y sin embargo posee una actualidad por demás asombrosa: habla sobre el poderío de los medios de comunicación sobre las personas, sus mentes y opiniones, su "subjetividad", como las llama el autor, y de cómo magistral y diabólicamente va engañando a sus víctimas haciéndoles creer que lo que absorben como esponjas se convierte, sin proceso mediante, en su propia opinión. Todo un llamado de atención a la necesidad del desarrollo del pensamiento crítico. Algo por lo cual, demás está decir, el kirchnerismo a través de todos estos años no ha demostrado absoluto interés, sobre todo si tenemos en cuenta 6-7-8 o las insultantes explicaciones de la realidad en los entretiempo de Futbol Para Todos, las cuales hoy están en franca decadencia, pero no por ello tienen que dejar de ser objeto de reflexión. 
 
Pero además, este breve texto tiene otra gran cualidad: Feinmann, para describir la operatoria del "Imperio comunicacional", utiliza conceptos de Heidegger, el gran filósofo del S. XX, cuyo gran "error imperdonable" fue haber sido rector de la Universidad de Friburgo durante parte de la década del ´30, en abierto apoyo al régimen nazi.
 
¿Es posible utilizar los conceptos que magistralmente ha desarrollado el autor de "ser y tiempo", para atacar precisamente aquello que él mismo militó parte de su vida? Feinmann lo responde de esta manera:  "los filósofos de la derecha son nuestros, nos pertenecen: debemos utilizar sus ideas, las que nos sirven"
 
Por eso mismo, querido José Pablo, es lo que exactamente algunos jóvenes radicales vamos a hacer con vos mismo a continuación
  

 LA COLONIZACION DE LA SUBJETIVIDAD por José Pablo Feinmann*

 
Será preciso (como "precisión" y como "necesariedad") largar con el ejemplo de los taxistas. Muchos toman taxis en Buenos Aires. Durante algún tiempo creían recibir ahí (como servicio “extra”) cierta información sobre “lo que la gente piensa”. El taxi, caja de resonancias, le daba al taxista la envidiable condición de ser un portador de lo que “se dice”; no “la voz del pueblo”, pero al menos, la voz de todos aquellos argentimedios capaces de pagarse un viaje en taxi. Esto era posible porque el taxista decía lo que hablaba con sus pasajeros. Cierto clima de “opinión general” recibía uno, y a veces lo creía, a veces no. Esto ya no es así. El poder comunicacional colonizó la subjetividad de los taxistas. Ahora, todos, o casi todos, comunican al pasajero “sus” opiniones en lugar de comentarle “lo que se dice”. Esta locuacidad tachera, este embanderamiento casi militante, surgió como una de esas tantas maniobras del Menemismo: se apoderaron de una radio de enorme potencia y (en este mundo comunicacional) lo que importa más es “oír” que “qué oír”.

Así que los taxistas, abrumadoramente, escuchan esa radio que se ha calificado a sí misma con el más alto de los puntajes: diez. El viaje en taxi, por consiguiente, se ha vuelto terriblemente aburrido. Uno sube, dice buenas tardes o buenos días o lo que sea, y el taxista empieza a hablar. No bien dice las dos primeras palabras uno ya sabe todas las otras que va a decir. No es él el que habla, es Radio Diez. El hombre cree que expresa sus ideas pero expresa las ideas de otros. Cree que habla un lenguaje, pero es otro lenguaje (o, digamos, el lenguaje de Otro) el que habla por él. Uno puede tomar esto como un juego y preguntar cosas puntuales, acaso muy precisas. La respuesta será la que uno ya sabe. No habla el taxista, habla el señor Hadad. No habla el señor Hadad, habla el señor Menem. No habla el señor Menem, hablan sus poderosos aliados y financistas. Un triunfo del poder comunicacional. Han logrado que este servidor público se torne más locuaz que nunca y, además, exprese ahora, militantemente, “sus” propias ideas, ya que el triunfo del poder comunicacional ha consistido en hacerle creer que aquello que dice es lo que él dice, que las ideas que expresa son “sus” propias ideas, que su subjetividad le pertenece y hasta se encuentra habitada por convicciones fuertes, las más fuertes que tuvo en su vida.

No habla, es hablado. No tiene subjetividad, se la ha colonizado, se la expropiaron y le pusieron otra que habla por él. Sin embargo, él se cree más libre que nunca y hasta tiene convicciones que le permiten pedir la muerte o la expulsión social de los “indeseables”: piqueteros, delincuentes, inmigrantes latinoamericanos.

No sería grave si esto le pasara sólo a los taxistas. Le pasa a “todo el mundo”. Es el nuevo proyecto de dominación mundial: colonizar las conciencias, someter la subjetividad. Hay quienes permaneces instalados en gravísimos problemas teóricos, que se expresan luego en problemas políticos y organizativos. Hay quienes dicen que a partir de la caída del muro de Berlín se inicia una etapa “post revolucionaria”, también dicen “post marxista”. Grave error. Cierto arcaico “marxismo” no termina de entender eso que dijo Marx de la burguesía: que era una clase revolucionaria. A partir de 1989 lo que se consolida es una “revolución”. Una “revolución capitalista”. Otra más, tan trascendente como la francesa. Es la “revolución comunicacional”. Con ella, el capitalismo enterrará al proletariado (que era, se sabe, el llamado a enterrarla por la dialéctica de la historia) y enterrará, tal vez, al mundo entero. Éste, sin embargo, el viejo tema marxiano del Mago destructor burgués, no es (aquí) el nuestro. Nuestro tema se enuncia así: hubo una revolución, la hizo el capitalismo, se expande por todo el planeta, arrasadoramente, aplana y conquista y manipula y coloniza las subjetividades. Es la revolución comunicacional. Radica en eliminar de la Tierra la capacidad de la negación, de diferenciación. De consolidar el Todo imperial. La globalización del tercer milenio. En encadenar, no ya los cuerpos, sino los sujetos. Sujetar los sujetos. Sus principales armas no son los tanques, ni los misiles, ni los neutrones. Es la Televisión. Es el cine. Es el periodismo. Los magazines. Las radios. Los canales de cable. Y, formidablemente, internet, donde algunos creyeron, ingenuamente o con decidida mala fe, que iba a instalarse la “sociedad transparente” que pregonaba Gianni Váttimo a fines de los ochenta, comienzo de los noventa. Internet es, hoy, el reino de la mercancía basura, de la mercancía idiotizante, de la compra-venta compulsiva y del sexo-mercancía, del sexo pornográfico. Cada vez lo es más (la rapidez de estos tiempos es la característica y, también, la degradación de la temporalidad) y cada vez lo será más obscenamente.

El tema del sometimiento de la subjetividad ha tenido venerables y hondísimos tratamientos en la filosofía. En un mail de Noviembre de 2003, Eduardo Grüner me preguntaba algo cuya respuesta (como yo) él tiene: “¿Qué hacemos con los pensadores de la derecha?”. El más señalado por la pregunta es Heidegger. Muy simple: son nuestros. Heidegger es uno de los más grandes filósofos que han sido y todo lo genial que hayan pensado y nos sirva será nuestro. Como si se tratara de la Tesis XI de Marx. Y pese a lo que haya dicho en Friburgo en 1933 y en 1935. Así, nos volvemos ahora sobre un tema de Ser y Tiempo que (salvando algunas “contextualizaciones” o “usos” que Heidegger y aún los lectores nacionalsocialistas de Ser y Tiempo le hayan dado) dice hoy más de lo que dicen muchos, y sobre todo más de lo que dicen aquellos que se “libran” de Heidegger con la excusa de su nazismo.

El poder del poder comunicacional radica en que todos pensemos “lo mismo”. Lo mismo que el Poder. El Poder impone el “se” (“man” en Heidegger; “on dit” en francés y en Sartre). Caer bajo el poder del “se” es caer “bajo el señorío de los otros” (Ser y tiempo, parágrafo 27). Quien así cae “no es él mismo, lo otros le han arrebatado el ser. El arbitrio de los otros dispone de las cotidianas posibilidades de ser del ‘ser ahí”. (“ser ahí” o “Dasein”, así señala Heidegger al hombre en su primera gran obra.). Este punto es esencial: el Poder, al someter mi subjetividad, elimina mis proyectos, mi futuro más propio, lo que hubiera querido hacer con mi vida. Mis posibilidades – al caer bajo el dominio del “se” - son las del Otro, las del Poder, las que me vienen de afuera.

Ya no soy yo quien decide, soy decidido. Escribe Heidegger: “disfrutamos y Gozamos como se Goza: leemos, vemos y juzgamos de literatura y de arte como se ve y se juzga (...) encontramos ‘sublevante’ lo que se encuentra sublevante”. Y luego: “todo misterio pierde su fuerza”. (no define este concepto la explicitez, la obscenidad del poder comunicacional? Todo es directo, todo es banal, todo es brutal, todo es explícito. El “misterio”, es decir, lo que sugiere, lo que lleva a pensar y a revisar, a ir más allá, lo que “no se ve” de entrada, lo que impone una búsqueda, ha muerto.) Este mundo implica “el aplanamiento” de todas las posibilidades de ser”. Sigue Heidegger: ‘Distanciación’, ‘término medio’, ‘aplanamiento’, constituyen, en cuanto modos de ser del ‘uno’, lo que designamos como ‘la publicidad’. El Poder comunicacional es publicitario, publicita una y otra vez sus mercancías y sus ideas fetiche. Las vuelve seductoras. Nos entretiene. Mata nuestra conciencia entreteniéndonos. Es un enemigo sagaz, brillante. Ahora, el “uno” “puede responder de todo con suma facilidad”. EL Poder da respuestas. Es el taxista por cuya boca habla la radio que escucha todo el maldito día. Ese hombre “puede – como dice Heidegger- responder de todo con suma facilidad”. Lo poderoso del Poder es dar las respuestas. Al hacerlo elimina la posibilidad de las preguntas. Y sobre todo de la pregunta fundamental “¿Es justo que el Poder sea el poder?” ¿Es justa la sociedad del Poder?. Y también “¿que pienso ‘yo’ de todo esto?”. Aquí asomaría ya la rebelión. Sofocar el surgimiento de estos estados de conciencia es la tarea de lo comunicacional en tanto colonización y oscurecimiento.

Heidegger fue uno de los filósofos más críticos del capitalismo. No elaboró (ni se lo propuso) una teoría de la “superación histórica” como lo hizo Marx. Su “compromiso” político, se sabe, fue lamentable. Dramática paradoja la de un anticapitalista... anticomunista. En 1933 identifica al Dasein con el Dasein del “pueblo alemán” y a la libertad, a la palabra auténtica con la voluntad del Führer. ¡Toda Alemania, de la mano de su “maestro”, arrojada a depositar su “ser auténtico” en el ser del Führer”! No pudo existir mayor incitación al “se dice”. “Se dice” y “se debe decir lo que el Führer dice”. No obstante, en 1927, en Ser y tiempo, Heidegger nos legaba herramientas notables sobre las miserias del tecnocapitalismo. El parágrafo 35 se ocupa de las “habladurías”. Y el 36 de la “avidez de novedades”. “Todo” no está ahí, pero hay mucho. “lo que importa es que se hable. El ser dicho, el ‘dicho’, la frase corriente son ahora la garantía de lo real y verdadero del habla y de su comprensión” (parágrafo 35). Atención: se trata de “transmitir y repetir lo que se habla (...) La cosa es así porque así se dice”. Y no sólo están las “habladurías”, también están las “escribidurías”. Se alimentan de los “leído en alguna parte”. El lector medio tiene una comprensión media y la comprensión media no busca la verdad sino que quiere la verdad para todos, “lo que se repite”. La “avidez de novedades” es otra faceta igualmente sometida, igualmente no verdadera, impuesta, exterior. “solo busca lo nuevo para saltar de ello nuevamente a algo nuevo” (parágrafo 36). Esta “avidez” no se detiene en la contemplación , en la serenidad y hasta en el ocio; no se demora nunca, es puro desarraigo, “falta de paradero”. El “tiempo” (como dice Heidegger en Introducción a la metafísica) es ahora solamente rapidez.

Se trata, en suma, de recuperar la subjetividad. De lanzarla hacia otras subjetividades. De conquistar lo intersubjetivo y la potencia constituyente de las conciencias libres. Pero es difícil. La revolución burguesa, la nueva, la más reciente, la de las comunicaciones, coloniza las conciencias, sometiéndolas. Estamos acribillados por imágenes, frases, ideas, polémicas que no son las nuestras. Por un sexismo torpe, mercantilista. Por lo fashion. Por el mundo lejano, ilusorio, inalcanzable de las modelos perfectas, de los desfiles del despilfarro. Por Hollywood y las explosiones y los efectos especiales. Por la propaganda barata. Por esa televisión “abierta” a no sabemos qué, a las truculencias, a los comicastros “verdes”, a las heroínas ordinarias y siliconadas del infinito, sofocante imperio nacional del culo.

Es, así, la hora del pensamiento crítico. Se trata de señalar sencillamente que este mundo es abominable y n0o tiene rescate. Se trata de una lucha civilizadora. De una reconquista de la conciencia del hombre-mujer. De un rescate de lo femenino, mercancía del capitalismo más canalla. Una mujer no es un culo señores. Es infinitamente más que eso. Las modelitos del nuevo milenio, lolitas de tapa, estrellitas que trabajan más los glúteos que la dicción o la expresividad dramática, ofenden a las mujeres, y ofenden a los hombres al suponerlos tan primarios, monos idiotizados apenas capaces de ser atraídos por un traserito de gimnasio y no por las infinitas, complejas, sublimes o melancólicas facetas de ese sexo que no es el nuestro y al que buscamos comprender con pasión, con frecuencia para amarlo, nada menos. “la tarea del filósofo como analista crítico de nuestro mundo es algo cada vez más y más importante (...) Quizás el objetivo más importante del nuestros días es descubrir lo que somos, pero para rechazarlo.” La frase –formidable- es de Michel Focault y ahí donde dice “filósofo” pongamos “hombre de nuestro tiempo”. Y Sartre dijo, célebremente, algo muy parecido: “Uno es lo que hace con lo que hicieron de él”. Bien, no se puede entonces demorar más. Porque lo que todo el tiempo hacen con nosotros es basura. De nosotros depende hacernos otra cosa.


*José Pablo Feinmann – “La historia desbocada II: crónicas de la globalización” – Colección Claves para Todos – Ed. Capital Intelectual – Buenos Aires - 2004