miércoles, 11 de septiembre de 2013

40 años del golpe de estado en Chile: EL REGRESO DE UN ÍCONO


En ocasión de cumplirse el 40 aniversario del derrocamiento del gran presidente chileno Salvador Allende, símbolo de la "vía pacífica al socialismo", compartimos con todos nuestros amigos de la RED federal un breve articulo de Camila Vallejos sobre la vigencia de la figura y el pensamiento del Dr Allende



 
EL REGRESO DE UN ÍCONO por Camila Vallejos*

Hace un tiempo, las fuerzas progresistas chilenas trataban la figura de Salvador Allende como un ícono. Se señalaban sus cualidades personales y humanas, y se elogiaba su actitud heroica durante el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973: ¿acaso no había muerto con el arma en la mano? Pero esa celebración, en general, cumplía la función de callar las ambiciones –y los logros- de su gobierno de la Unidad Popular (UP), una coalición que iba desde los comunistas hasta los socialdemócratas.

Ahora bien, las manifestaciones estudiantiles de 2011 – las más importantes desde el regreso de la democracia en 1990- y el surgimiento de numerosos movimientos sociales (sindicales, ecologistas, etc.) en todo el país sacudieron a la izquierda. Actualizaron la necesidad de transformaciones estructurales profundas y ampliaron el horizonte de lo que se podía exigir. No sólo una educación gratuita y de calidad, sino también los medios para obtenerla: reforma fiscal, renacionalización del cobre y sobre todo el fin del modelo neoliberal inscripto en la constitución de 1980 (aprobada bajo la dictadura mediante el llamado a una Asamblea Constituyente). Una vez más se pudo ver la cara de Allende en las calles. Pero esta vez no se trataba de homenajear a un ícono: los manifestantes afirmaban reconocerse en el proyecto político que él encarnaba y que sigue encarnando.

Allende llegó al Palacio de la Moneda en 1970, después de tres intentos electorales infructuosos. Militante socialista, siempre operó con una amplísima convergencia de fuerzas populares que se oponían a las fuerzas imperialistas y a la oligarquía. En una América Latina desgarrada por las guerrillas, propuso abrir una “vía pacífica” hacia la transformación social, en un momento en que su propio partido, en el congreso de Chillán de 1967, clausuraba la vía institucional y prefería llamar a la lucha armada.

Esta visión distinguió a Allende y le permitió, finalmente, encarar un ambicioso programa político: “Hemos triunfado con la misión de derribar definitivamente la explotación imperialista, terminar con los monopolios, llevar a cabo una reforma agraria profunda y digna de ese nombre, controlar el comercio de exportación e importación y, por último, nacional el crédito. Son pilares que sostendrán el progreso de Chile y crearán el capital social que pueda impulsar nuestro desarrollo”, la noche de su victoria. Los mil días de la UP constituyen, a la vez, un proceso inédito de apertura política y un gran sacrificio para el pueblo chileno. Son mil días durante los cuales los partidos políticos, los sindicatos, los cordones industriales y las juntas de abastecimiento y control de precios (JAP) unieron sus fuerzas para hacer surgir un poder popular en condiciones de responder a los intentos desestabilizadores del capital extranjero y los intereses imperialistas.

La experiencia de la UP no fracasó: fue interrumpida. Y la figura de Allende no es la de un presidente idealista que deja tras de sí un proceso político condenado: Por el contrario, encarna la audacia política: la que afirmó la modernidad de un proyecto revolucionario de transformación de la sociedad, no sólo en Chile, sino en todo el continente. Y así trazó un camino que luego tomó gran parte de América del Sur, aún cuando haya sido un contexto diferente, marcado por fuerzas geopolíticas diferentes. Cada avance de estos gobiernos progresistas los acerca un poco más a Allende.

Pues mencionar el nombre de Salvador Allende no es solamente evocar el pasado. Es pensar el presente y preparar el futuro.




*Camila Vallejos (ex presidente FECH) – "El Regreso de un Ícono" - Le Monde Diplomatique edición cono sur –septiembre de 2013
 

martes, 3 de septiembre de 2013

"La colonización de la subjetividad"

 
El texto que posteamos hoy tiene casi diez años, y sin embargo posee una actualidad por demás asombrosa: habla sobre el poderío de los medios de comunicación sobre las personas, sus mentes y opiniones, su "subjetividad", como las llama el autor, y de cómo magistral y diabólicamente va engañando a sus víctimas haciéndoles creer que lo que absorben como esponjas se convierte, sin proceso mediante, en su propia opinión. Todo un llamado de atención a la necesidad del desarrollo del pensamiento crítico. Algo por lo cual, demás está decir, el kirchnerismo a través de todos estos años no ha demostrado absoluto interés, sobre todo si tenemos en cuenta 6-7-8 o las insultantes explicaciones de la realidad en los entretiempo de Futbol Para Todos, las cuales hoy están en franca decadencia, pero no por ello tienen que dejar de ser objeto de reflexión. 
 
Pero además, este breve texto tiene otra gran cualidad: Feinmann, para describir la operatoria del "Imperio comunicacional", utiliza conceptos de Heidegger, el gran filósofo del S. XX, cuyo gran "error imperdonable" fue haber sido rector de la Universidad de Friburgo durante parte de la década del ´30, en abierto apoyo al régimen nazi.
 
¿Es posible utilizar los conceptos que magistralmente ha desarrollado el autor de "ser y tiempo", para atacar precisamente aquello que él mismo militó parte de su vida? Feinmann lo responde de esta manera:  "los filósofos de la derecha son nuestros, nos pertenecen: debemos utilizar sus ideas, las que nos sirven"
 
Por eso mismo, querido José Pablo, es lo que exactamente algunos jóvenes radicales vamos a hacer con vos mismo a continuación
  

 LA COLONIZACION DE LA SUBJETIVIDAD por José Pablo Feinmann*

 
Será preciso (como "precisión" y como "necesariedad") largar con el ejemplo de los taxistas. Muchos toman taxis en Buenos Aires. Durante algún tiempo creían recibir ahí (como servicio “extra”) cierta información sobre “lo que la gente piensa”. El taxi, caja de resonancias, le daba al taxista la envidiable condición de ser un portador de lo que “se dice”; no “la voz del pueblo”, pero al menos, la voz de todos aquellos argentimedios capaces de pagarse un viaje en taxi. Esto era posible porque el taxista decía lo que hablaba con sus pasajeros. Cierto clima de “opinión general” recibía uno, y a veces lo creía, a veces no. Esto ya no es así. El poder comunicacional colonizó la subjetividad de los taxistas. Ahora, todos, o casi todos, comunican al pasajero “sus” opiniones en lugar de comentarle “lo que se dice”. Esta locuacidad tachera, este embanderamiento casi militante, surgió como una de esas tantas maniobras del Menemismo: se apoderaron de una radio de enorme potencia y (en este mundo comunicacional) lo que importa más es “oír” que “qué oír”.

Así que los taxistas, abrumadoramente, escuchan esa radio que se ha calificado a sí misma con el más alto de los puntajes: diez. El viaje en taxi, por consiguiente, se ha vuelto terriblemente aburrido. Uno sube, dice buenas tardes o buenos días o lo que sea, y el taxista empieza a hablar. No bien dice las dos primeras palabras uno ya sabe todas las otras que va a decir. No es él el que habla, es Radio Diez. El hombre cree que expresa sus ideas pero expresa las ideas de otros. Cree que habla un lenguaje, pero es otro lenguaje (o, digamos, el lenguaje de Otro) el que habla por él. Uno puede tomar esto como un juego y preguntar cosas puntuales, acaso muy precisas. La respuesta será la que uno ya sabe. No habla el taxista, habla el señor Hadad. No habla el señor Hadad, habla el señor Menem. No habla el señor Menem, hablan sus poderosos aliados y financistas. Un triunfo del poder comunicacional. Han logrado que este servidor público se torne más locuaz que nunca y, además, exprese ahora, militantemente, “sus” propias ideas, ya que el triunfo del poder comunicacional ha consistido en hacerle creer que aquello que dice es lo que él dice, que las ideas que expresa son “sus” propias ideas, que su subjetividad le pertenece y hasta se encuentra habitada por convicciones fuertes, las más fuertes que tuvo en su vida.

No habla, es hablado. No tiene subjetividad, se la ha colonizado, se la expropiaron y le pusieron otra que habla por él. Sin embargo, él se cree más libre que nunca y hasta tiene convicciones que le permiten pedir la muerte o la expulsión social de los “indeseables”: piqueteros, delincuentes, inmigrantes latinoamericanos.

No sería grave si esto le pasara sólo a los taxistas. Le pasa a “todo el mundo”. Es el nuevo proyecto de dominación mundial: colonizar las conciencias, someter la subjetividad. Hay quienes permaneces instalados en gravísimos problemas teóricos, que se expresan luego en problemas políticos y organizativos. Hay quienes dicen que a partir de la caída del muro de Berlín se inicia una etapa “post revolucionaria”, también dicen “post marxista”. Grave error. Cierto arcaico “marxismo” no termina de entender eso que dijo Marx de la burguesía: que era una clase revolucionaria. A partir de 1989 lo que se consolida es una “revolución”. Una “revolución capitalista”. Otra más, tan trascendente como la francesa. Es la “revolución comunicacional”. Con ella, el capitalismo enterrará al proletariado (que era, se sabe, el llamado a enterrarla por la dialéctica de la historia) y enterrará, tal vez, al mundo entero. Éste, sin embargo, el viejo tema marxiano del Mago destructor burgués, no es (aquí) el nuestro. Nuestro tema se enuncia así: hubo una revolución, la hizo el capitalismo, se expande por todo el planeta, arrasadoramente, aplana y conquista y manipula y coloniza las subjetividades. Es la revolución comunicacional. Radica en eliminar de la Tierra la capacidad de la negación, de diferenciación. De consolidar el Todo imperial. La globalización del tercer milenio. En encadenar, no ya los cuerpos, sino los sujetos. Sujetar los sujetos. Sus principales armas no son los tanques, ni los misiles, ni los neutrones. Es la Televisión. Es el cine. Es el periodismo. Los magazines. Las radios. Los canales de cable. Y, formidablemente, internet, donde algunos creyeron, ingenuamente o con decidida mala fe, que iba a instalarse la “sociedad transparente” que pregonaba Gianni Váttimo a fines de los ochenta, comienzo de los noventa. Internet es, hoy, el reino de la mercancía basura, de la mercancía idiotizante, de la compra-venta compulsiva y del sexo-mercancía, del sexo pornográfico. Cada vez lo es más (la rapidez de estos tiempos es la característica y, también, la degradación de la temporalidad) y cada vez lo será más obscenamente.

El tema del sometimiento de la subjetividad ha tenido venerables y hondísimos tratamientos en la filosofía. En un mail de Noviembre de 2003, Eduardo Grüner me preguntaba algo cuya respuesta (como yo) él tiene: “¿Qué hacemos con los pensadores de la derecha?”. El más señalado por la pregunta es Heidegger. Muy simple: son nuestros. Heidegger es uno de los más grandes filósofos que han sido y todo lo genial que hayan pensado y nos sirva será nuestro. Como si se tratara de la Tesis XI de Marx. Y pese a lo que haya dicho en Friburgo en 1933 y en 1935. Así, nos volvemos ahora sobre un tema de Ser y Tiempo que (salvando algunas “contextualizaciones” o “usos” que Heidegger y aún los lectores nacionalsocialistas de Ser y Tiempo le hayan dado) dice hoy más de lo que dicen muchos, y sobre todo más de lo que dicen aquellos que se “libran” de Heidegger con la excusa de su nazismo.

El poder del poder comunicacional radica en que todos pensemos “lo mismo”. Lo mismo que el Poder. El Poder impone el “se” (“man” en Heidegger; “on dit” en francés y en Sartre). Caer bajo el poder del “se” es caer “bajo el señorío de los otros” (Ser y tiempo, parágrafo 27). Quien así cae “no es él mismo, lo otros le han arrebatado el ser. El arbitrio de los otros dispone de las cotidianas posibilidades de ser del ‘ser ahí”. (“ser ahí” o “Dasein”, así señala Heidegger al hombre en su primera gran obra.). Este punto es esencial: el Poder, al someter mi subjetividad, elimina mis proyectos, mi futuro más propio, lo que hubiera querido hacer con mi vida. Mis posibilidades – al caer bajo el dominio del “se” - son las del Otro, las del Poder, las que me vienen de afuera.

Ya no soy yo quien decide, soy decidido. Escribe Heidegger: “disfrutamos y Gozamos como se Goza: leemos, vemos y juzgamos de literatura y de arte como se ve y se juzga (...) encontramos ‘sublevante’ lo que se encuentra sublevante”. Y luego: “todo misterio pierde su fuerza”. (no define este concepto la explicitez, la obscenidad del poder comunicacional? Todo es directo, todo es banal, todo es brutal, todo es explícito. El “misterio”, es decir, lo que sugiere, lo que lleva a pensar y a revisar, a ir más allá, lo que “no se ve” de entrada, lo que impone una búsqueda, ha muerto.) Este mundo implica “el aplanamiento” de todas las posibilidades de ser”. Sigue Heidegger: ‘Distanciación’, ‘término medio’, ‘aplanamiento’, constituyen, en cuanto modos de ser del ‘uno’, lo que designamos como ‘la publicidad’. El Poder comunicacional es publicitario, publicita una y otra vez sus mercancías y sus ideas fetiche. Las vuelve seductoras. Nos entretiene. Mata nuestra conciencia entreteniéndonos. Es un enemigo sagaz, brillante. Ahora, el “uno” “puede responder de todo con suma facilidad”. EL Poder da respuestas. Es el taxista por cuya boca habla la radio que escucha todo el maldito día. Ese hombre “puede – como dice Heidegger- responder de todo con suma facilidad”. Lo poderoso del Poder es dar las respuestas. Al hacerlo elimina la posibilidad de las preguntas. Y sobre todo de la pregunta fundamental “¿Es justo que el Poder sea el poder?” ¿Es justa la sociedad del Poder?. Y también “¿que pienso ‘yo’ de todo esto?”. Aquí asomaría ya la rebelión. Sofocar el surgimiento de estos estados de conciencia es la tarea de lo comunicacional en tanto colonización y oscurecimiento.

Heidegger fue uno de los filósofos más críticos del capitalismo. No elaboró (ni se lo propuso) una teoría de la “superación histórica” como lo hizo Marx. Su “compromiso” político, se sabe, fue lamentable. Dramática paradoja la de un anticapitalista... anticomunista. En 1933 identifica al Dasein con el Dasein del “pueblo alemán” y a la libertad, a la palabra auténtica con la voluntad del Führer. ¡Toda Alemania, de la mano de su “maestro”, arrojada a depositar su “ser auténtico” en el ser del Führer”! No pudo existir mayor incitación al “se dice”. “Se dice” y “se debe decir lo que el Führer dice”. No obstante, en 1927, en Ser y tiempo, Heidegger nos legaba herramientas notables sobre las miserias del tecnocapitalismo. El parágrafo 35 se ocupa de las “habladurías”. Y el 36 de la “avidez de novedades”. “Todo” no está ahí, pero hay mucho. “lo que importa es que se hable. El ser dicho, el ‘dicho’, la frase corriente son ahora la garantía de lo real y verdadero del habla y de su comprensión” (parágrafo 35). Atención: se trata de “transmitir y repetir lo que se habla (...) La cosa es así porque así se dice”. Y no sólo están las “habladurías”, también están las “escribidurías”. Se alimentan de los “leído en alguna parte”. El lector medio tiene una comprensión media y la comprensión media no busca la verdad sino que quiere la verdad para todos, “lo que se repite”. La “avidez de novedades” es otra faceta igualmente sometida, igualmente no verdadera, impuesta, exterior. “solo busca lo nuevo para saltar de ello nuevamente a algo nuevo” (parágrafo 36). Esta “avidez” no se detiene en la contemplación , en la serenidad y hasta en el ocio; no se demora nunca, es puro desarraigo, “falta de paradero”. El “tiempo” (como dice Heidegger en Introducción a la metafísica) es ahora solamente rapidez.

Se trata, en suma, de recuperar la subjetividad. De lanzarla hacia otras subjetividades. De conquistar lo intersubjetivo y la potencia constituyente de las conciencias libres. Pero es difícil. La revolución burguesa, la nueva, la más reciente, la de las comunicaciones, coloniza las conciencias, sometiéndolas. Estamos acribillados por imágenes, frases, ideas, polémicas que no son las nuestras. Por un sexismo torpe, mercantilista. Por lo fashion. Por el mundo lejano, ilusorio, inalcanzable de las modelos perfectas, de los desfiles del despilfarro. Por Hollywood y las explosiones y los efectos especiales. Por la propaganda barata. Por esa televisión “abierta” a no sabemos qué, a las truculencias, a los comicastros “verdes”, a las heroínas ordinarias y siliconadas del infinito, sofocante imperio nacional del culo.

Es, así, la hora del pensamiento crítico. Se trata de señalar sencillamente que este mundo es abominable y n0o tiene rescate. Se trata de una lucha civilizadora. De una reconquista de la conciencia del hombre-mujer. De un rescate de lo femenino, mercancía del capitalismo más canalla. Una mujer no es un culo señores. Es infinitamente más que eso. Las modelitos del nuevo milenio, lolitas de tapa, estrellitas que trabajan más los glúteos que la dicción o la expresividad dramática, ofenden a las mujeres, y ofenden a los hombres al suponerlos tan primarios, monos idiotizados apenas capaces de ser atraídos por un traserito de gimnasio y no por las infinitas, complejas, sublimes o melancólicas facetas de ese sexo que no es el nuestro y al que buscamos comprender con pasión, con frecuencia para amarlo, nada menos. “la tarea del filósofo como analista crítico de nuestro mundo es algo cada vez más y más importante (...) Quizás el objetivo más importante del nuestros días es descubrir lo que somos, pero para rechazarlo.” La frase –formidable- es de Michel Focault y ahí donde dice “filósofo” pongamos “hombre de nuestro tiempo”. Y Sartre dijo, célebremente, algo muy parecido: “Uno es lo que hace con lo que hicieron de él”. Bien, no se puede entonces demorar más. Porque lo que todo el tiempo hacen con nosotros es basura. De nosotros depende hacernos otra cosa.


*José Pablo Feinmann – “La historia desbocada II: crónicas de la globalización” – Colección Claves para Todos – Ed. Capital Intelectual – Buenos Aires - 2004
 


martes, 20 de agosto de 2013

DE LA IZQUIERDA POSIBLE A LA DERECHA REAL (nota sobre el kirchnerismo)

Al contrario de lo que proclama, el kirchnerismo se ha convertido en el medio que le permitió a la derecha consolidar logros impensables; eso sí, en nombre del progresismo
 
Por ROBERTO GARGARELLA para La Nación
 
Algunos de los votos recibidos por el oficialismo en estas últimas elecciones se basaron en la idea de que el kirchnerismo representaba la "izquierda posible" en la Argentina. Perplejo ante la falsedad del aserto, quisiera dedicar unas líneas a explorar esa idea, aun a sabiendas de que, para muchas personas, el debate "izquierda-derecha" ya no tiene sentido. Como ése no es mi caso, y como a la vez pienso que la prédica en cuestión (referida al izquierdismo del kirchnerismo) sigue siendo productiva dentro de ciertos círculos, comienzo por definir brevemente lo que entiendo por izquierda y derecha.

Para no complicar demasiado las cosas, voy a considerar que una medida es "de izquierda" cuando contribuye a la democracia económica (aumentar la participación de los obreros en las ganancias de las empresas); cuando sirve a la democracia política (más participación y control del pueblo en los asuntos públicos); o cuando ayuda al fortalecimiento de derechos humanos básicos (terminar con la tortura en las cárceles). Diré entonces que una medida es "de derecha" cuando ella se orienta hacia fines contrarios a los citados (favorece a una minoría económicamente poderosa; ayuda a concentrar el poder político; violenta derechos humanos básicos).

Para dejar en claro desde el inicio mi postura, diré cuál es mi idea principal al respecto: creo que, lejos de ser la izquierda posible -lo máximo de izquierda que nuestra sociedad está preparada para tolerar- el kirchnerismo se ha convertido en la derecha verdadera, la política más de derecha que nuestra sociedad puede soportar, luego de todo lo ocurrido en el país desde mediados de los años 70. Según entiendo, en la actualidad, nuestra sociedad se muestra capaz de aceptar o demandar políticas de avanzada en una diversidad de áreas (desde la política energética hasta la política de medios; desde las políticas de salud reproductiva hasta las de salvaguarda de las poblaciones originarias) que el Gobierno se ocupa de retacear o rechazar en cada caso, aunque lo haga hablando en nombre de los mejores ideales.

Lo que sostengo se apoya en parte en hechos (enseguida enumeraré unos cuantos), y en parte en algunos contrafácticos. Estos últimos sugieren que las medidas "de derecha" que el kirchnerismo logró imponer no hubieran podido ser impuestas o -lo que es más importante- no hubieran podido estabilizarse, con otro gobierno (supuestamente, más de derecha) en el poder. Los contrafácticos son en principio indemostrables, pero el tipo de contrafácticos a los que me refiero también encuentran algunos buenos hechos en los que apoyarse. Todos recordamos, por caso, que el ministro de Economía de la Alianza duró sólo cuatro días más en el poder, luego de anunciar un feroz plan de ajuste en 2001. Sabemos también que al actual jefe de gobierno de la ciudad designó a un espía dentro del aparato de su gobierno, pero que ello le costó inmediatas renuncias y el ser procesado judicialmente. Esto es decir, las experiencias más conservadoras que conocimos en los últimos años no han podido o no pueden asentar sus iniciativas más regresivas. En donde experiencias de gobierno como las citadas fracasan, el kirchnerismo triunfa. Así, el kirchnerismo se ha convertido en el real instrumento de la derecha política, el único actor que es capaz de convertir en realidad las medidas que las demás alternativas, más conservadoras, no se animaban a tomar, o no son capaces, hoy, de consolidar.

Los casos que podría enumerar para ilustrar lo dicho son muy numerosos -de hecho, casi todas las políticas afirmadas por el Gobierno en los últimos años podrían servirnos de ejemplo- por lo cual voy a referirme sólo a algunos pocos casos, especialmente representativos de lo afirmado. En primer lugar, mencionaría que, a la luz de la historia reciente padecida, la posibilidad de dictar una ley antiterrorista aparecía fuera de la agenda de cualquier partido político. El kirchnerismo, sin embargo, aprobó esa ley con lo que le regala a la derecha que lo suceda una herramienta represiva fabulosa, que aquélla no hubiera conseguido aprobar por su propia cuenta.

Después de lo hecho por la dictadura y las leyes creadas por la democracia contra los atropellos de aquélla, difícilmente un gobierno de derecha hubiera osado emplear la estructura del Ministerio de Seguridad para montar una red de espionaje interno, destinada a recabar información sobre los militantes sociales y de izquierda. El Gobierno, en cambio, creó Proyecto X para tales fines, algo que sólo pudo lograr poniendo al frente de esa empresa a cantidad de funcionarios que se jactaban de contar con un historial "garantista".

Considerando los altísimos anticuerpos desarrollados por la sociedad frente a las violaciones de derechos humanos de los años 70, difícilmente un gobierno hubiera insinuado siquiera la posibilidad de nombrar como jefe del Ejército a un militar altamente comprometido en la comisión de actos atroces. El kirchnerismo lo hizo, avalado por las máximas autoridades de su facción en materia de derechos humanos.

A la luz de las muertes habidas, difícilmente alguien se hubiera animado a firmar un pacto con los sectores más duros de Irán, sobre el modo de enjuiciar las supuestas responsabilidades de ese país en la comisión de atentados antisemitas en la Argentina. Un gobierno distinto -aún uno muy de derecha- se hubiera abstenido de llegar tan lejos, por lo cual fue el kirchnerismo el que asumió esa tarea.

Los ejemplos pueden seguir enumerándose sin pausa: sólo un gobierno vestido con ropaje "progresista" podía afrontar la masacre de Once protegiendo a los empresarios responsables de la tragedia y denunciando, en cambio, a los maquinistas y obreros que la sufrieron; llevar adelante su política de medios de la mano de los empresarios Raúl Moneta y José Luis Manzano -las figuras más emblemáticas de la corrupción menemista-; negociar un acuerdo secreto con Chevron, en nombre de la soberanía energética; avanzar en la explotación irracional de recursos naturales incluyendo la utilización del fracking o la extracción de shale gas ; apoyarse en sindicalistas que fueron soplones de la dictadura; transformar a la Argentina en un país de monocultivo sojero; pactar con gobernadores que pasarán a la historia por las vidas que diezmaron en comunidades originarias; impulsar una reforma de la Justicia orientada a socavar las medidas cautelares y a trabar los juicios jubilatorios de los más ancianos; aprobar una reforma duramente antiobrera en las ART; y siguen las firmas.

Para evitar cualquier confusión, hago tres aclaraciones finales. Primero, lo dicho es compatible con reconocer que para ciertos sectores de la derecha nada es suficiente, y el kirchnerismo no es predecible. Segundo, el problema que veo no se encuentra en la izquierda, ni en sus dirigentes, ni en sus programas, ni en aquellos que simpatizan con ella. Mi problema es justamente el opuesto: que se la desprestigie gobernando como lo pide la derecha, pero en nombre de los ideales contrarios.

Finalmente, mi objeto no es la denuncia de la "impostura" kirchnerista, sino el rechazo de su postura: me interesa señalar que el kirchnerismo se ha convertido en el medio que le ha permitido a la derecha consolidar logros impensables, el instrumento que le permitió obtener lo que ella jamás hubiera soñado alcanzar por sus propios medios.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar


miércoles, 7 de agosto de 2013

LA JR DE SALTA DENUNCIA CAMPAÑA SUCIA DEL OFICIALISMO


POSADAS HACE CAMPAÑA CON LOS BIENES DEL ESTADO

 
En Orán, el candidato del Frente Plural organizó un festival infantil con la estructura del Ministerio de Turismo. Además, la Municipalidad norteña patrocinó la actividad de campaña como si fuera institucional, en el marco del ciclo “Agosto Cultural”.
La semana pasada, el precandidato a diputado nacional por el Frente Plural, Federico Posadas, recorrió varias localidades del norte provincial en el marco de su campaña, de cara a las Primarias del próximo domingo.
Para hacer llegar su propuesta electoral, Posadas llevó a su cónyuge, la artista Valentina Moisés, para que anime festivales infantiles presentando su espectáculo “Valentina y los Valientes”. Sin embargo, Posadas montó dichos actos proselitistas utilizando la estructura del Ministerio de Turismo de la Provincia, algo que está terminantemente prohibido.

“Durante el festival de Posadas en Orán se pudo ver vehículos, globos gigantes, y banners del Ministerio de Turismo que antes conducía, y que al parecer sigue controlando a su gusto y antojo para beneficio de su campaña”, denunció Francisco Laiseca, presidente de la Juventud Radical.
"Denunciamos también al titular del Ministerio de Turismo, Mariano Ovejero, por permitir esta situación, y exigimos que expliqué porque se afectaron esos bienes a una actividad proselitista, teniendo en cuenta además que la Ley Electoral prohíbe actos de Gobierno en beneficio de candidatos”, agregaron los jóvenes radicales.
Como si fuera poco hacer uso de la estructura del Ministerio, el acto de campaña de Posadas fue avalado y apoyado institucionalmente por el Municipio de San Ramón de la Nueva Orán, cuyo intendente es Marcelo Lara Gross.
El evento proselitista fue anunciado y difundido en el marco del ciclo “Agosto Cultural Orán” que organiza la intendencia y también fue beneficiado con la estructura del Municipio, que puso a disposición del candidato del Frente Plural el escenario de la Plaza San Martín, .
“La hipocresía del Gobierno y sus candidatos no tiene límites. Hablan de la ética pública, critican al Gobierno anterior, pero siguen usando los bienes de todos los salteños para sus beneficios personales durante la campaña”, sentenció Laiseca y agregó: “en Orán los conflictos se agudizan. La inseguridad, el narcotráfico, el desempleo y la marginalidad están destruyendo el tejido social y nos genera mucha indignación cuando vemos que la estructura del Estado se está usando para promocionar la candidatura de los dirigentes del oficialismo”.
Desde la Juventud Radical además sostuvieron que la irregularidad es irrefutable, ya que el propio Frente Plural difundió los videos donde se puede observar a Federico Posadas y a Valentina Moisés hablando sobre la campaña y mostrando imágenes del acto en el que se utilizó la estructura del Ministerio de Turismo. Incluso, en los videos de la fuerza urtubeycista se puede ver cómo Valentina Moisés hace cantar a los menores que asistieron al festival la canción de campaña de Federico Posadas.

Para ver los videos: http://www.youtube.com/frentepluralsalta